jueves, 18 de febrero de 2010

LA CHICA DEL VESTIDO ROJO: PRÓLOGO

PRÓLOGO

Él ya sabía lo que iba a suceder. Cuando María curvó el cuello hacia arriba y alzó la barbilla. Cuando sus labios se entreabrieron, y percibió la sombra de dos hoyuelos que comenzaban a asomar a sus mejillas. Cuando de un momento a otro el rubor asomó en sus pómulos bronceados. Cuando la alegría se encendió en sus ojos como una chispa y sus pupilas bailaron a lo largo de la habitación. En un segundo, su rostro había cambiado por completo, se había transformado de pronto en el vivo eco de su felicidad.
Él ya sabía lo que iba a suceder, y aún antes de escucharla una cálida sensación se le anudó a la garganta como si él también quisiese hacerlo. Pero no podía más que contemplarla, observar vivamente su entusiasmo, compartirlo en silencio pero sin mostrarse alegre ante ella.
De pronto, su boca se abrió desmesuradamente dejando al descubierto sus grandes y blancos dientes... y la risa comenzó a asomarse a través de sus labios como un gorgoteo. A medida que se sucedían los instantes, su carcajada se volvió más fuerte, salpicándolo a él con su sonido contagioso, haciéndole más doloroso el nudo en la garganta.

1 comentario:

David Nicolalde dijo...

los hoyuelos en el rostro son un delicado detalle...