(De nuevo os pido disculpas por la mala calidad del relato. Insisto en que lo escribí hace tiempo).
El ulular de una lechuza despertó a Mary a medianoche. Ésta se incorporó con sigilo de su lecho, recogiendo hacia atrás su larga cabellera de hilos finos y dorados.
Mary caminó de puntillas hasta la puerta de su dormitorio y salió de él. Ya en el salón de sus aposentos (la sala de estar que unía las habitaciones de las cuatro hermanas) se deslizó hasta la chimenea, que seguía alumbrando débilmente, con las últimas ascuas del fuego, la espada de Lily. La muchacha se arrodilló a su lado y miró el arma con odio. Se disponía a cogerla entre sus manos cuando apareció su hermana de las sombras.
-¡Ah!- chilló Mary, y se apartó de Lily dando un respingo- ¡¿Qué haces aquí?! ¡Me has asustado!
-Yo también estaba asustada pensando que pudieras hacerle daño a la espada que gané...
-¿Que ganaste?
-...venciendo a un forastero en un duelo.
-¡¿Un duelo a muerte?!- replicó Mary, con los ojos desorbitados.
-No seas estúpida.
-¿Pues sabes lo que pienso de esto?- gritó Mary, tratando de ocultar su frustración- ¡Es una... porquería! ¡Una espada vieja! ¡Es degradante para ti dedicarte a este tipo de cosas con un arma, la odio!
-¿A la espada? Me lo temía- sonrió Lily- Por eso te he estado esperando. Suponía que intentarías hacerle algo.
Mary no la escuchó, y escrutó la espada con los ojos al borde de las lágrimas. Cogió su empuñadura, bañada en oro, pero no consiguió levantarla.
-Pesa mucho.
-Al contrario, es ligera como una pluma- explicó Lily, satisfecha con el interés de su hermana- Mira.
-Cogió la espada e hizo algunos movimientos con ella.
-¡En guardia!
Mary no pudo reprimir una sonrisa.
-Mira que eres tonta- dijo, y rodeó a su hermana con los brazos.